Son casi las dos de la tarde y sigo aquí metido en mi casa, quiero salir de aquí siento que si no algo terminaré engordando más y más. Lo tengo me iré lejos, con mi más fiel acompañante, con mi bicicleta, con la que he pasado tantas aventuras, no lo pienso más, hago unos ajustes, se que la ruta es larga, cojo una botella de agua y ya estoy pedaleando en la calle. Apenas había avanzado una cuadra, sentí esa energía que este deporte mágicamente me da, energía que no la tenía cuando estaba allí adentro, subiendo calorías, así que lo decidí, me voy a las Lomas dije, y así fue, una ruta con interrupciones y todo, casi me atropellan dos veces, pasé por lugares por los que siempre solía pasar y hace mucho no lo hacía, invadiendo veredas, renegando, pero llegué, hice lo que siempre hago cuando llego allá, subir hasta lo más alto y ver todo, sentirme poderoso, aunque la soledad haga ese momento algo vacío, no importa ya estaba allí, estuve como una hora pensando, escuchando música, pensado otra vez, no me sentía satisfecho quería seguir pedaleando más, así baje las Lomas sin pedalear, no había necesidad, la bajada era muy empinada, luego de bajar, no sabía a donde ir exactamente, lo único que hice fue dejarme llevar y así fue, cuando me dí cuenta ya estaba en el Ovalo Higuereta, y el cansancio pues ni se asomaba, así que aun no llegaba a la mitad, seguí por la misma avenida, hasta llegar a esas calles inconfundibles, esas que te cuentan que ya llegaste al centro de Miraflores, y cuando estas por ahí, es de ley perderte por ese parque al cual alguna vez de tu vida haz ido, sea solo solo o acompañado, estaba vez no estaba solo, estaba con una bicicleta, la cual es más que mi compañera, estuve sentado algunos minutos, al costado de un señor que no paraba de fumar, se habrá fumado cinco cigarros mientras estaba a su lado, no lo aguanté me fui.
Ahora no sabía que hacer, irme por el sonido del claxon, la bulla de los carros de una ciudad grande o contemplar la grandeza del mar, seré medio rayado pero se que no hay nada como estar frente al mar, así que baje por Armendariz, a toda velocidad, sin importarme los peones que estaban por ahí, y cuando me di cuenta, ya lograba divisar el mar, tuve que detenerme contra mi voluntad porque habían unas escaleras que bajarlas manejando iba a ser un suicidio, y era un buen momento para momento como para que se me ocurra morirme, así que después de bajar con tranquilidad algunas cuantas escaleras, ya estaba ahí, en el mar, frente a su inmensidad, habían muchos tablistas, lo cual no me daba esa soledad que necesitaba así que maneje al costado del circuito de playas, los carros me rozaban la oreja, pero no importaba en ese momento, hasta que llegué a Chorrillos otra vez, y pude disfrutar del mar como se merece, solo, tu y el, pensando, acaso podía existir momento, me pregunto yo. Estuve una hora, la hora más placentera de toda mi semana, aunque una compañía tampoco me hubiese caído mal, en fin ya estaba ahí, y el sol me estaba haciendo señas de que ya se tenía que ir, entonces yo también lo tenía que hacer, subí a la bicicleta y desde ahí no había parado hasta llegar a la puerta de mi casa, fue un momento fuera de lugar, no se de donde podía haber salido esa energía, pero ahí estaba yo, el loco aventurero, el que es capaz de encontrar el momento perfecto frente al mar, al que nunca lo terminarás de conocer, y creo que jamás podrás entenderlo.

